Después de 158 años, el Cañón Cristiano regresará al Paraguay
Más de un siglo y medio después de haber sido llevado a Brasil como trofeo de la Guerra contra la Triple Alianza, el Cañón Cristiano vuelve a estar más cerca del Paraguay.
El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva autorizó avanzar en la devolución de una de las piezas de mayor carga histórica y simbólica para el pueblo paraguayo, una decisión que todavía deberá superar procedimientos administrativos, patrimoniales y diplomáticos, pero que representa un nuevo hito dentro de un reclamo que atravesó gobiernos, generaciones y décadas de relaciones entre ambos países.
La decisión fue revelada este martes 18 de agosto por el diario brasileño O Globo y reproducida posteriormente en Paraguay. De acuerdo con la información publicada, Lula dio su aprobación durante una reunión celebrada a finales de julio con los comandantes de las Fuerzas Armadas brasileñas y el ministro de Defensa, José Múcio Monteiro. La determinación política, sin embargo, no equivale todavía a la entrega física de la pieza: el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil deberá establecer las condiciones de la restitución y será necesario resolver el estatus de protección patrimonial que actualmente posee el cañón.
Por eso, Paraguay todavía no puede hablar del Cristiano nuevamente en suelo nacional. Pero el anuncio tiene una dimensión histórica por sí mismo: el jefe de Estado brasileño dio luz verde para destrabar una reivindicación paraguaya que durante años encontró obstáculos y que en oportunidades anteriores llegó a avanzar sin alcanzar su objetivo final.
No se trata de una pieza de artillería cualquiera.
El Cristiano fue concebido cuando el Paraguay estaba inmerso en la guerra más devastadora de su historia. Tras la victoria paraguaya de Curupayty, del 22 de septiembre de 1866, el gobierno de Francisco Solano López profundizó un programa destinado a reforzar la artillería nacional. En diciembre de aquel año surgió la propuesta de aprovechar el bronce de campanas de iglesias para fabricar una nueva y gigantesca pieza de artillería. En enero de 1867 comenzó su fundición en Ybycuí.
De allí nace buena parte de la extraordinaria dimensión simbólica que conserva hasta nuestros días.
El metal que durante años había llamado a los paraguayos a misa fue transformado en un arma para la defensa del país. Las campanas entregaron su bronce y de aquella fundición surgió una mole de aproximadamente doce toneladas, preparada para lanzar proyectiles esféricos de alrededor de diez pulgadas y concebida como una de las grandes piezas de la artillería paraguaya. Su nombre, “El Cristiano”, quedó inevitablemente ligado a ese origen.
El 25 de marzo de 1867 la enorme pieza salió de Ybycuí rumbo a la capital para completar en el Arsenal de Asunción los trabajos de perforación y montaje. Las crónicas de época recuperadas por investigadores describen la expectativa que produjo su construcción y su posterior traslado al frente. Para entonces, el Paraguay llevaba años sosteniendo una contienda contra las fuerzas combinadas del Imperio del Brasil, Argentina y Uruguay, en medio de un desgaste humano, económico y material que terminaría devastando al país.
El Cristiano fue llevado posteriormente a las posiciones defensivas paraguayas y terminó instalado en el complejo de Curupayty y Humaitá, corazón de la resistencia sobre el río Paraguay. Documentos de la época registran su utilización desde 1867 y su traslado posterior hacia las baterías de Humaitá.
Allí encontró finalmente su destino de guerra.
Con la evacuación paraguaya de Humaitá en julio de 1868 y el derrumbe progresivo de aquella línea defensiva, la gigantesca pieza quedó atrás. Por su enorme peso, trasladarla nuevamente constituía una operación extremadamente complicada. Terminó en manos brasileñas y fue llevada al Brasil como trofeo de la victoria militar. Desde entonces permanece fuera del territorio donde fue concebida y fabricada. Actualmente forma parte de la colección del Museo Histórico Nacional de Río de Janeiro.
Han transcurrido aproximadamente 158 años desde aquel episodio.
Y allí radica la diferencia entre el Cristiano y cualquier antiguo objeto militar guardado en un museo. Para Paraguay representa una obra de su propia capacidad industrial del siglo XIX, pero también el testimonio material de un país que, en medio de una guerra que terminaría destruyendo buena parte de su población, infraestructura y economía, llegó al extremo de transformar el bronce de sus templos en armamento.
Su significado trasciende, por tanto, su capacidad militar. El Cristiano concentra en doce toneladas de metal una parte de aquella experiencia histórica paraguaya: industria, religión, guerra, resistencia, sacrificio y derrota.
El reclamo por recuperarlo tampoco comenzó con la reciente controversia entre Asunción y Brasilia. En 2010, durante el final del segundo gobierno de Lula, el propio Gobierno brasileño llegó a iniciar un proceso relacionado con la repatriación de la pieza. Investigaciones académicas brasileñas documentaron aquel intento, que finalmente no concluyó con el retorno del cañón. Posteriormente continuaron las gestiones durante el gobierno de Dilma Rousseff.
En Paraguay, el pedido fue retomado sucesivamente.
El entonces presidente Federico Franco volvió a reclamar públicamente el Cristiano en 2013. En abril de 2015, el Senado aprobó una declaración que instaba al Poder Ejecutivo a realizar por vía diplomática el reclamo a Dilma Rousseff. En aquella ocasión, legisladores señalaron que el país debía recuperar una pieza que consideraban parte de su patrimonio histórico.
La Cámara Alta volvió a hacerlo en 2019. El 10 de octubre de ese año aprobó otra declaración para que el Ejecutivo formulara, a través de la Cancillería, el reclamo correspondiente al Brasil por la devolución del Cristiano.
La reivindicación salió incluso de las instituciones estatales. En 2023, organizaciones ciudadanas impulsaron una campaña de recolección de firmas para reclamar tanto el histórico cañón como documentos paraguayos que permanecieron en Brasil después de la guerra. Ese mismo año, antes de asumir la Presidencia, Santiago Peña manifestó durante una visita a Taiwán que deseaba conversar con Lula sobre la cuestión desde una perspectiva positiva y de reconciliación.
Pero fue una controversia diplomática surgida en julio de 2026 la que terminó colocando nuevamente el asunto en el centro de las relaciones entre ambos gobiernos.
El 24 de julio, durante una visita a una empresa del sector de defensa en Brasil, Lula evocó la Guerra contra la Triple Alianza y afirmó que Paraguay había decidido “invadir Brasil”. Las expresiones provocaron una reacción política inmediata en Asunción y cuestionamientos sobre la manera en que el presidente brasileño resumió un proceso histórico mucho más complejo.
El Gobierno paraguayo finalmente formalizó su posición el 31 de julio. El vicepresidente Pedro Alliana y el canciller Rubén Ramírez entregaron al embajador brasileño José Antonio Marcondes una nota en la que Paraguay expresó su rechazo a las declaraciones y planteó que, para contribuir a cerrar las heridas de aquella tragedia histórica, Brasil devolviera el Cañón Presidente López, el Cañón Cristiano, otros trofeos de guerra y copias de documentos vinculados al conflicto que permanecen en archivos brasileños.
El planteamiento paraguayo definió esas acciones como un posible gesto de reparación y reconciliación.
Menos de tres semanas después, trascendió la decisión de Lula de autorizar que se avance específicamente con la restitución del Cristiano.
Todavía queda un obstáculo importante. La pieza está protegida dentro del patrimonio histórico brasileño y su devolución requiere procedimientos legales para retirar o modificar esa protección, además de los acuerdos diplomáticos y técnicos para trasladar una estructura de semejante tamaño y peso. Es precisamente una de las razones por las que anteriores aproximaciones no terminaron con el cañón cruzando nuevamente la frontera.
Por ello, la cautela sigue siendo necesaria. Brasil no entregó todavía el Cristiano al Paraguay y, hasta el momento de conocerse la información, quedaba por desarrollar el procedimiento oficial que permita transformar la decisión política del presidente brasileño en una restitución efectiva.
Pero después de tantos intentos frustrados, el anuncio vuelve a colocar frente al Paraguay una posibilidad que durante generaciones pareció destinada a permanecer como una aspiración.
Si finalmente regresa, no volverá simplemente un cañón.
Volverá una pieza fabricada por paraguayos en Ybycuí en 1867, nacida del bronce de campanas de iglesias en los años más desesperados de la Guerra contra la Triple Alianza; una mole que defendió las posiciones nacionales, cayó junto con Humaitá y terminó exhibida durante más de siglo y medio en la capital del país que se la llevó como trofeo.
El Cristiano no puede devolver las vidas perdidas ni borrar las consecuencias de aquella guerra. Tampoco puede modificar la historia.
Pero su eventual regreso sí podría cerrar, al menos simbólicamente, una pequeña parte de una herida que Paraguay conserva abierta desde el siglo XIX.
Después de 158 años, aquella pieza fundida para defender al Paraguay tiene nuevamente abierta la posibilidad de volver a casa.
Fuente El N
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