Don Vicente lleva casi seis décadas entre agujas, hilos y zapatos en un oficio amenazada por la modernidad
En la ciudad de San Pedro de Ycuamandyyú, la historia de Vicente Frutos Aguilera es un ejemplo de trabajo, perseverancia y dignidad. A sus 72 años, continúa dedicándose a la compostura de calzados, un oficio que aprendió a los 15 años y que le permitió sostener a su familia y criar a sus hijos con el fruto de un trabajo honrado.
Durante más de cinco décadas, Vicente ha reparado cientos de zapatos, dejando en cada trabajo la experiencia acumulada a lo largo de toda una vida. Su pequeño taller se ha convertido en un lugar conocido por generaciones de sampedranos que han confiado en sus manos expertas para devolver utilidad a sus calzados.
En gran parte de su trayectoria laboral compartió jornadas de trabajo con su hermano, el finado Catalino Frutos Aguilera, popularmente conocido como “Chirulito”. Juntos dedicaron años de esfuerzo a este noble oficio, construyendo una historia marcada por el sacrificio, la responsabilidad y el compromiso con sus clientes.
Sin embargo, Vicente observa con preocupación que cada vez son menos los jóvenes interesados en aprender el oficio de zapatero. La falta de nuevos aprendices amenaza con llevar al olvido una profesión que durante décadas fue fundamental para el sustento de muchas familias y para la economía local.
Pese al paso de los años, Vicente sigue trabajando con la misma dedicación de siempre. Su historia representa el valor del trabajo digno y la importancia de preservar los oficios tradicionales que forman parte de la identidad cultural de San Pedro de Ycuamandyyú.
También constituye un homenaje a quienes, como su hermano Catalino, entregaron gran parte de sus vidas a una labor silenciosa pero invaluable para la comunidad.