Frigoríficos al límite: sobra planta, falta ganado
La industria cárnica rechaza la idea de que el exceso de capacidad reduzca la demanda de hacienda. Por el contrario, sostiene que el verdadero cuello de botella está en la baja oferta ganadera y en la falta de escala del rodeo.
En medio de un mercado ganadero cada vez más ajustado, la industria frigorífica salió a marcar posición sobre un punto sensible para la cadena cárnica: la capacidad ociosa de las plantas no está debilitando la demanda de ganado, sino que, según el sector, está empujando una competencia más intensa por cada animal disponible.
La postura fue fijada por la Cámara Paraguaya de la Carne (CPC), que sostiene que en una actividad intensiva en capital como la frigorífica, tener infraestructura instalada sin utilizar no genera incentivos para retraer compras, sino todo lo contrario. La lógica es simple: una vez hechas las inversiones en plantas, tecnología y cumplimiento sanitario, cada cabeza adicional procesada ayuda a diluir costos y mejorar la eficiencia operativa.
En otras palabras, para los frigoríficos el problema no es tener demasiada capacidad, sino no tener suficiente hacienda para llenarla. Y esa diferencia no es menor, porque cambia por completo la lectura del mercado.
La discusión aparece en un momento especialmente sensible. Según datos recientes del sector, la industria frigorífica exportadora utilizó en febrero apenas el 51% de su capacidad instalada, una mejora frente a enero, pero todavía lejos de un nivel de operación pleno. Ese comportamiento está directamente vinculado a la menor disponibilidad de ganado para faena, no a una supuesta decisión empresarial de retraer demanda.
De hecho, la propia dinámica de precios parece respaldar esa tesis. Cuando los valores internacionales mejoran, la puja por volumen se acelera y los frigoríficos trasladan rápidamente esa presión al mercado de hacienda, elevando los precios pagados al productor. La capacidad ociosa, bajo esa lógica, funciona más como un motor de competencia que como una señal de concentración pasiva.
Pero detrás de esta discusión técnica hay un problema más profundo: el descalce entre la expansión industrial y la evolución de la producción ganadera paraguaya. Mientras la industria avanzó en infraestructura, habilitaciones sanitarias y capacidad exportadora, la base primaria no logró crecer al mismo ritmo en productividad, previsibilidad y escala.
Ese es, probablemente, el núcleo económico del debate. Paraguay invirtió para jugar más fuerte en el negocio global de la carne, pero hoy esa infraestructura encuentra un límite en la oferta disponible de animales.
Por eso, el mensaje del sector frigorífico no apunta tanto a defenderse de cuestionamientos coyunturales, sino a instalar una discusión estructural: si el país quiere aprovechar plenamente su potencial exportador, el foco debe estar en fortalecer la producción ganadera, mejorar los índices productivos y ampliar el stock de forma sostenida.
La advertencia también tiene una derivada política y regulatoria. Desde la industria se insiste en que cualquier intervención sobre la estructura del sector, si no está respaldada por evidencia técnica, podría distorsionar señales económicas y debilitar la competitividad sistémica del negocio cárnico paraguayo.
En el fondo, lo que está en juego no es solo la ocupación de las plantas frigoríficas, sino la capacidad de Paraguay para sostener su posición en uno de sus complejos exportadores más relevantes.
Fuente El Nacional